La digestión solo funciona en modo calma
Digerir es una función del sistema nervioso parasimpático: necesita que el cuerpo esté en modo «descansar y digerir». Cuando el sistema vive en alerta —estrés sostenido, mal sueño, ansiedad—, la digestión se degrada: baja el flujo sanguíneo intestinal, se altera la motilidad, cambia la microbiota y, sobre todo, sube la sensibilidad visceral: el intestino empieza a quejarse de cosas que antes toleraba.
Ese es el mecanismo por el que muchas «intolerancias» funcionales se amplifican: cada episodio de malestar genera anticipación y miedo a comer, el miedo mantiene la alerta, y la alerta garantiza el siguiente episodio. Un círculo que no se rompe retirando alimentos.
Qué hacer (y en qué orden)
Primero, descartar lo médico: celiaquía, alergias, enfermedad inflamatoria, SIBO… tu médico y, si hace falta, un digestivo. Segundo, trabajar la alimentación con un dietista-nutricionista, no con dietas de eliminación autodidactas que empobrecen la microbiota y la relación con la comida.
Y tercero —aquí es donde entra mi trabajo— bajar la reactividad del sistema nervioso: en consulta veo con frecuencia que cuando el sistema se regula (mejor sueño, menos alerta, abdomen menos tenso), la tolerancia digestiva mejora en paralelo. Es fisiología aplicada con honestidad, sin garantías y siempre como complemento del abordaje médico y nutricional.